sábado, 31 de octubre de 2015

Cuento 1: Quienes deberían ser inmortales.

Escuché la llave en la puerta, tuve la sensación que costaba abrirla y ahí sonreí, una cuasi carcajada, sabiendo que entraban ellos con su copia de llave nueva.
- Traé un poco de agua que se cayó pintura, pero solo un poquito. Fue lo primero que dijo cuando me vio y como usualmente tenemos distintos conceptos de una misma cosa, yo le traje un balde casi lleno. Era un poquito, con un vaso alcanzaba, esta vez él era quien tenía razón sobre el concetp de "poquito".
No se destaca por ser puntual, al contrario, suele demorarse alrededor de 1 hora para estar listo, y como llevo 28 años de conocerlo ya le tengo el tiempo tomado.
Cargado con baldes de pintura y vistiendo ropa de fajina subimos a la terraza para pintar las zonas donde el agua filtra, la humedad pasa y los vecinos se quejan.
Lo ayudé a subir los baldes por las dos escaleras angostas que hay hasta llegar a la terraza y en el momento que tuvo que bajar una pared para pasar a lo del vecino, vi su cara gesticulando dolor. Y ahí caí en la cuenta de que los años no llegan solos y lo que es peor aún, le llegan a todos (no me incluyo, porque para uno mismo los años siempre tardan más en llegar).
- Me duele la pierna, esperá.
- Qué te pasó?
- Me hizo crack la rodilla el otro día y me molesta.
En silencio seguimos pasando los baldes y las herramientas. Dejé el balde mas pesado para lo último y volví a ver su cara gesticulando dolor.
- Te duele el brazo también?
- Me duele el brazo, la pierna y la rodilla. Me duele todo.
Sonreí, pero creo que fue una sonrisa interna sin gesto, de esas que juntan los labios y los estiran de manera casi imperceptible y automáticamente una emoción interna se apoderó de mi por completo, una emoción que tiene nombre y apellido: Mi papá está envejeciendo.
- Paler (así lo llamo yo), date vuelta que quiero leer que dice tu remera.
La remera decía: "Let´s rock tonight and everyday", pero mi asociación no fue a la música, menos al rock: Pensé en el hombre que cargaba un lavarropas al hombro y lo subía solo por la escalera, el que desajustaba cualquier cosa imposible de desajustar, la fuerza de sus manos, la habilidad para arreglar absolutamente todo, la agilidad para saltar alambrados, su pelo negro y hoy casi blanco, el cuerpo flaco y hoy está igual a su Papá cuando ya era un abuelo de varios años, los kimlóletros de playa que hemos corrido juntos.
Le llegó el tiempo a él y mientras los segundos pasaban en esa terraza yo pensaba que tenía que plasmar en letras la sensación que sentía, porque seguramente no soy la única que lo está viviendo.
No quería dejar pasar la vivencia, el momento, el sentimiento.

Mi papá está envejeciendo.

- Eso dice la remera?, pregunta luego de traducírselo.
- Si, dice eso Paler.
- Tengo menos rock ya.

Sonreí nuevamente, pero esta vez mostrando de par en par cada uno de mis dientes.