sábado, 2 de abril de 2016
Cuento 3
Llueve y parece que esta noche no tiene pensado parar. Es muy tarde y prefiere no mirar el reloj para no sacar la cuenta de las pocas horas que le quedan para dormir, de esa manera cree que no va a sentir tanto el cansancio cuando deba levantarse.
Recuerda la frase que me repitió mil veces esa tarde, "Un beso más y dejo irte". Bueno, no fueron mil veces, pero seguro unas cuantas, en el afán de retenerme un poco más. El tren salía en pocos minutos así que la despedida debería ser corta.
- Se va el tren, el próximo sale en 1 hora y ya no me da el tiempo.
- Tiempo, siempre nos falta tiempo.
- Nos sobró tiempo corazón, quizás no lo aprovechamos en lo que nos parecía importante.
No sabía si volvería a verme, esa sensación era constante cada vez que debía marcharme. Se quedaba en el andén viendo como el tren se alejaba, como yo me alejaba de él. Ese día fue distinto en su interior, la fuerza de la despedida era muy pesada. El tiempo le dio la razón, hoy hacía 2 años que no sabía más nada de mi, como si nunca hubiese existido.
De noche y sin sueño ese recuerdo vuelve a él una y otra vez, apoderándose del momento, apoderándose de él por completo. Intenta pensar en otra cosa mientras agarra su vaso favorito, dos hielos y una medida exagerada de Macallan, pero todo lo que piensa lo lleva indefectiblemente a mi y a ese maldito día. Me estaré volviendo loco?, se pregunta. Me pregunta.
Tomó más de lo que debía, se siente mareado y confundido. Apaga las luces y se recuesta en su sillón llegando a la vacía conclusión que de noche, irremediablemente, se sienten mas los recuerdos.
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